Uno de los principales pasos que hay que seguir, para lograr cerrar los poros dilatados, es lavar el rostro a diario, ya puede ser con jabones, de aloe vera, de azufre, de árbol de te, o uno natural sin sulfatos. También, podemos lavarnos la cara con leche. Esta limpieza, eliminará las bacterias que obstruyen los poros. Es importante, frotar con firmeza y aclarar con agua fresca.

Una vez a la semana, podemos llevar a cabo un proceso muy fácil de realizar, en el que solo necesitaremos agua, para abrir los poros, eliminar sus residuos e impurezas. Consiste en coger un cazo y echar agua, ponerla a hervir, cuando el agua está en ebullición, acercamos la cara, siempre manteniendo una distancia, utilizaremos una toalla sobre la cabeza, para que el vapor que se desprende llegue solo a nuestro rostro. Podemos permanecer unos 10 minutos, depende del calor que estemos dispuestos a soportar, enjuagamos la cara con agua del tiempo, y secamos con pequeños toquecitos.

Es muy recomendable, que para cerrar y sellar bien los poros abiertos por el vapor, usemos hielo, que iremos aplicando durante varios segundos, las veces que sean necesarias, pero teniendo mucho cuidado de no quemarnos la cara. Cuando notemos que los poros se van cerrando, dejaremos de usarlos.

Para sellar todo ese proceso, podemos recortar un trozo de la planta de aloe vera, o usarlo en forma de gel, que podemos adquirir en el supermercado, y aplicamos una pequeña cantidad por toda la cara, nos tonificará y calmará la piel. Si queremos, podemos enjuagarlo o dejar que la piel lo absorba por completo.

Exfoliante de naranja, sal y aceite de oliva

Es rica en vitaminas A, B1, B2, B3, B5, B6, y E, y también en betacaroteno y bioflavonoides. Contiene vitamina C y ácido ascórbico, que ayuda a prevenir las posibles arrugas, aportando a la tez, firmeza y luminosidad. Antioxidantes, que aportan una piel saludable y protegen de los radicales libres, que son uno de los principales causantes del envejecimiento de la piel. Posee numerosos minerales, como el potasio, calcio y fósforo. Ácido fólico, que contribuye en la producción y desarrollo de las células de la piel.

Agarramos una naranja pelada y la cortamos en rodajas, medio vaso de aceite de oliva, y medio vaso de sal de cocina. Lo primero es dejar la naranja limpia, cortarla y meterla en una licuadora, para extraer su zumo, después añadimos la sal y el aceite de oliva, y lo licuaremos todo, hasta obtener una pasta homogénea. Lo aplicamos sobre el rostro, dando suaves masajes circulares, limpiando así los poros en profundidad y eliminando sus impurezas. El masaje, puede durar unos 7 minutos, después lo aclaramos con abundante agua, e hidratamos la piel con una crema. Podemos repetir este tratamiento 2 veces por semana, si tenemos la piel grasa ,1 vez cada 15 días.

Exfoliante de maracuyá

Posee vitamina A, en forma de carotenóides, vitamina C, y antioxidantes que protegen a la piel de su envejecimiento prematuro. Ayuda a la producción de colágeno, aportando elasticidad y salud. Contiene minerales, con propiedades calmantes y antiinflamatorias, en el caso de que tengamos pieles irritadas o maltratadas, por el sol o agentes contaminantes del exterior. Es un buen hidratante, aclara las manchas de la piel, reduce, previene la sequedad y regula la grasa.

Cogemos la fruta de maracuyá, y la partimos por la mitad, sacamos su contenido, sus semillas y los ponemos en el recipiente de la licuadora, lo trituramos, para conseguir una mezcla uniforme del jugo y las semillas. Lo aplicamos sobre la cara, y exfoliamos, con movimientos ovalados, durante unos 3 minutos, dejamos reposar 10 minutos más y lo aclaramos con agua fresca. Podemos repetir este procedo una vez cada 15 días.

Exfoliante de avena, azúcar y limón

La avena, es el perfecto aliado para hidratar y nutrir la piel, ofrece humectación que mejora la apariencia del rostro, además absorbe la suciedad, limpia en profundidad la piel, elimina el acné, y cierra los poros. Es un excelente calmante para las irritaciones, comezones y molestias, que se producen en el rostro, incluso la dermatitis. Exfolia las células muertas, y mantiene el PH de la tez, por lo que se recomienda en pieles secas o sensibles.

Para usarlo como exfoliante, necesitaremos una cucharada de copos de avena, una cucharada de azúcar blanco o moreno y el zumo de medio limón. Echamos la avena y el azúcar en la licuadora, hasta que se triture y obtengamos un polvo fino. Añadimos el limón exprimido, siempre poco a poco, hasta obtener una pasta uniforme y con consistencia. Lo aplicamos en el rostro, dando pequeños masajes en forma ovalada, durante unos 10 minutos. Posteriormente, nos aclaramos con abundante agua. Podemos repetir este tratamiento 1 vez por semana.

Exfoliante de papaya

Es un exfoliante natural, contiene minerales como el calcio, magnesio, fósforo y potasio. Contiene carotenóides, que son muy buenos para protegerse del sol, y evitar las arrugas en la cara. Contiene papaína y vitamina A, que ayudan a arrastrar y eliminar las células muertas presentes en la piel, además de intervenir en la descomposición de las proteínas que se encuentran inactivas. Combate granos y puntos negros, otorgando a la piel, brillo y luminosidad. Además. posee un alto contenido en vitamina C y E, que previenen el envejecimiento. Contiene Alfa Hidróxidos naturales, que son unos ácidos que ayudan a regenerar la piel y reparar los tejidos dañados. Evita la obstrucción de los poros.

Cogemos dos rodajas de papaya, preferiblemente que no esté demasiado madura, una cucharada de azúcar blanco o moreno, y una cucharada de miel. Lo primero es coger la papaya, la pelamos, la partimos en dos y le sacamos las semillas, introducimos los trozos en una licuadora, añadimos el azúcar y la miel y lo trituramos, hasta obtener una masa homogénea. Lo extendemos por el rostro, dando masajes circulares, lo dejamos actuar durante 20 minutos y lo aclaramos con abundante agua fresca

Exfoliante de bicarbonato de sodio

Cogemos dos cucharadas de bicarbonato de sodio, dos cucharadas de harina de avena y un vaso de agua.  En un recipiente o cuenco, echamos el bicarbonato, la avena y vamos añadiendo poco a poco el agua. Removemos con una cuchara o espátula, hasta que obtengamos una masa espesa, si queda demasiado sólida y compacta, añadiremos un poco más de agua, si queremos podemos añadirle unas gotas de zumo de limón. Aplicamos el exfoliante por la cara, siempre masajeando en forma ovalada, durante 5 minutos, y aclaramos con agua tibia. Podemos repetir este proceso 2 veces por semana.

Exfoliante de café y azúcar

Es un excelente hidratante, una fuente de antioxidantes, que protege la piel de los radicales libres, los cuales aumentan su envejecimiento, por lo que, con el café, mantenemos la juventud de la dermis, frenando la aparición de arrugas. Posee cafeína que reactiva la circulación, y ayuda a regenerar, las rotulas de la piel, debido al exceso de grasa. Como exfoliante, arrastra las impurezas que quedan escondidas en los poros, y ayuda a cerrarlos

Cogemos una taza de café molido, media taza de azúcar blanco o moreno, y dos cucharadas de aceite de oliva o de almendras. En un bol o cuenco, mezclamos el café con el azúcar, le agregamos el aceite que hayamos elegido, hasta obtener una pasta espesa y seca. La aplicamos por toda la cara, con masajes circulares, durante unos 5 minutos, y aclaramos con abundante agua. Podemos repetir el proceso una vez a la semana.

Es muy importante que antes de aplicar los exfoliantes, tengamos la cara bien limpia, y después de aplicarlos, nos echemos una buena crema hidratante.

Mascarilla de yogurt

Es un excelente hidratante para la piel, posee propiedades antibacterianas, por lo que combate las espinillas y los puntos negros. Contiene ácido láctico, que por una parte ayuda a eliminar los restos de piel muerta y opaca, alivia, y por otra calma las irritaciones, acabando con las rojeces en la cara. Pero sobre todo, es un buen aliado para cerrar los poros de la piel.

¿Cómo lo usamos?

Cogemos un yogurt natural, sin azúcar, y una brocha suave, lo esparcimos por toda la cara, y dejamos que se seque, no hay un tiempo estimado para dejarlo actuar. Una vez seco, lo retiramos con agua tibia. Podemos repetirlo 2 o 3 veces a la semana.

Mascarilla de clara de huevo

La clara de huevo es un potente nutritivo para la piel, tonifica la dermis, elimina impurezas, y cierra los poros.

¿Cómo lo usamos?

Cogemos un huevo, y separamos la yema de la clara, que es con lo que nos vamos a quedar, lo batimos con un tenedor, y lo aplicamos con una brocha sobre todo el rostro. Dejamos actuar unos 30 minutos, hasta que quede totalmente seca y dura, y posteriormente lo aclaramos con agua tibia. Podemos repetir este tratamiento 2 o 3 veces por semana.

Mascarilla de zumo de limón

Es un cítrico, que ayuda a aclarar las manchas de la piel, mejora el aspecto de la dermis, disminuye las imperfecciones de la piel, así como las rojeces o cicatrices, debido a sus propiedades astringentes, es un perfecto aliado para combatir los poros abiertos.

¿Cómo lo usamos?

Necesitaremos, el zumo de medio limón y medio vaso de zumo de piña, una vez mezclado lo aplicamos con una brocha sobre la cara, es recomendable que lo utilicemos antes de ir a dormir, dejamos actuar durante 15 minutos y aclaramos con agua fresca. Podemos repetirlo las veces que queramos.

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